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La Coctelera

Categoría: poesia contemporanea

AUTORES DE LA POESIA COMTEMPORANEA

Listado completo



Rosana Acquaroni

Rosana Acquaroni

"La claridad se aprende
como la herida aprende a no doler..."

Extracto del poema
"Toda la noche he navegado
bajo la lluvia desconocida
"
de Cartografía sin mundo

Francisca Aguirre

Francisca Aguirre

"Recuerdo que una vez, cuando era niña,
me pareció que el mundo era un desierto.
Los pájaros nos habían abandonado para siempre:
las estrellas no tenían sentido,
y el mar no estaba ya en su sitio,
como si todo hubiera sido un sueño equivocado".

Extracto del poema "Hace tiempo"
de Pavana del desasosiego

Manuel Álvarez Ortega

Manuel Álvarez Ortega

"Vivir es descender a lo largo de los días
por una sima de relámpagos y recuerdos".

Blanca Andreu

Blanca Andreu

"Escapando
de la vibrante flor del agua
-parece plata verde y verdes rosas-
ya están los monos al abrigo del templo.
Allí viven las celestes muchachas
y los dioses que celebran sus bodas
en la piedra encendida".

Extracto del poema "La isla de elefanta

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/andreu/autor.shtml

MODERNISMO

)Poesía contemporánea:En el terreno de la poesía, numerosos autores reflejaron en su obra las corrientes que clamaban por una renovación radical del arte, tanto europeas —cubismo, expresionismo, surrealismo— como españolas, entre la cuales se contaba el ultraísmo, denominación que recibió un grupo de movimientos literarios de carácter experimental que se desarrollaron en España a comienzos del siglo. En ese ambiente de experimentación, el chileno Vicente Huidobro fundó el creacionismo, que concebía el poema como una creación autónoma, independiente de la realidad cotidiana exterior, el también chileno Pablo Neruda, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1971, trató, a lo largo de su producción, un gran número de temas, cultivó varios estilos poéticos diferentes e incluso pasó por una fase de comprometida militancia política, y el poeta colombiano Germán Pardó García alcanzó un alto grado de humanidad en su poesía, que tuvo su punto culminante en Akróteras (1968), un poema escrito con ocasión de los Juegos Olímpicos de México. Por otro lado, surgió en el Caribe un importante grupo de poetas, entre los que se encontraba el cubano Nicolás Guillén, que se inspiraron en los ritmos y el folclore de los pueblos negros de la zona.
La chilena Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura (1945) otorgado por primera vez a las letras latinoamericanas, creó una poesía especialmente interesante por su calidez y emotividad, mientras que en México el grupo de los 'contemporáneos', que reunía a poetas como Jaime Torres Bodet, José Gorostiza y Carlos Pellicer, se centró esencialmente en la introspección y en temas como el amor, la soledad y la muerte. Otro mexicano, el premio Nobel de Literatura de 1990 Octavio Paz, cuyos poemas metafísicos y eróticos reflejan una clara influencia de la poesía surrealista francesa, está considerado como uno de los más destacados escritores latinoamericanos de posguerra, y ha cultivado también la crítica literaria y política.

Poesía contemporánea
FIN DE SIGLO: LA POESÍA MODERNISTA
1.- El fin del siglo XIX podría caracterizarse por la pérdida de grandes poetas, como Bécquer, Zorrilla o Campoamor, de no ser por la aparición de una nueva generación, cuyos tres principales representantes serían Manuel Reina, Ricardo Gil o Salvador Rueda.
En sus poemas se obsevará un interés por temas como el lujo, la sensualidad, el erotismo, etc.
Ricardo Gil (1858-1908) publica en 1898 un segundo libro de poesía, La caja de música, de fondo becqueriano y gusto por los temas orientales. Aparecen los paraísos artificiales, en obras como Morfina: la adicción a esta droga sirve para consideraciones morales poco convincentes.
Manuel Reina Montilla (1856-1905), nació en Córdoba. En La vida inquieta (1894), muestra influencias de Baudelaire o E.A.Poe. Escribe sobre temas culturales o posrománticos, como la bacanal
Poesía contemporánea
Salvador Rueda, malagueño, (1857-1933) es, probablemente, Poesía contemporánea
el más brillante poeta de este grupo. De 1883 es su libro En tropel. Cantos españoles y su poema "Catalepsia", sobre temas relacionados con el espiritismo.
Son precursores del Modernismo, cuyo esplendor los condenó al olvido.
El almeriense Francisco Villaespesa (1877-1936), autor de La copa del rey de Thule (1898) o Tristitiae rerum (1906), nos permite comprender la mala reputación -vicio y depravación sexual, moral o social- que para la burguesía de la época tuvo el Modernismo.
Poesía contemporánea
2.-Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (1867-1916) fue el primer poeta de su tiempo en España. Nació en Nicaragua y vivió en Chile y Argentina, viajando a España o a París esporádicamente. Desde 1898 se instala en España, residencia que sólo abandonará poco antes de su muerte, para volver a Guatemala.
En 1888 aparece Azul..., libro que recoge prosas (cuentos) y versos del poeta, y que hace referencia en el título al poeta francés Mallarmé. Sus páginas anuncian la consagración del Parnasianismo -movimiento francés que rindió culto a las formas- en España.
Poesía contemporánea
Prosas profanas (1896) es su segunda obra maestra y justifica la opinión de que Rubén sacó a la poesía española de la crisis producida por la desaparición de Bécquer.
El tono de este libro era nuevo para la literatura española. Mostraba la asimilación del Parnasianismo francés, en poemas como la Sonatina; el trato directo con Verlaine, en su Responso; el interés por la civilización griega, en el Coloquio de los centauros, aunque filtrada por los jardines rococós de Versailles; la atracción por el esoterismo, en Las ánforas de Epicuro, sección añadida a la segunda edición; el medievalismo, que alcanza, incluso, al título del libro, el gusto por lo exótico, el erotismo de Ite, missa est, etc.
A ello se unían las estrofas y versos menos frecuentes: el alejandrino -de 14 sílabas-, con el que se juega a reproducir las rimas del soneto, que, incluso, se recoge en versos de arte menor, etc. Este libro consagraba a Rubén Darío.
Poesía contemporánea
Cantos de vida y esperanza (1905) es la obra cumbre del nicaragüense. A los poemas en que el erotismo se mezcla con la muerte -Lo fatal- se añade una preocupación por el futuro de lo hispano, frente a la amenaza de Estados Unidos. Quedan composiciones parnasianas, como la Marcha triunfal, pero existe conciencia del futuro político.
Rubén cambió la poesía española con nuevos temas, palabras y posibilidades culturales.
3.-La poesía de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) pasa, a veces, desapercibida por lo extenso del resto de su obra. Nació en Galicia, en Villanueva de Arosa, y fue una persona compleja, absorta en la estética y contradictoria en política.
En 1930 decide agrupar bajo el título Claves líricas la práctica totalidad de sus poesías. Comienzan con Aromas de leyenda (1907), que refleja, con preocupación estética y artificiosa, el paisaje gallego, rematando con versos en esa lengua los finales de sus poemas.
El pasajero (1920) transmite el decadentismo de su época y las confusas y caóticas ideas que Valle-Inclán recogió de la teosofía. Se abre con una serie de "rosas", que arrebatan con su verso hinchado y sorprendente, aunque un tanto inconsistentes.
Poesía contemporánea
La obra maestra en la poesía de Valle-Inclán es La pipa de kif (1919), Poesía contemporánea
donde los elementos modernistas se deforman hasta lo grotesco. Es el único ejemplo poético que dejó su autor del esperpento, género casi exclusivamente teatral. La pipa de kif es, para muchos, el callejón sin salida al que llega la estética parnasiana del decadentismo modernista. Su último poema, Clave XVII. La tienda del herbolario, es un canto a las drogas, paraísos artificiales de esta generación.
Poesía contemporánea
4.-"Tío modernista" llamaron algunos de sus enemigos a Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936), nacido en Bilbao. Pese a la crítica que el propio autor hizo del Modernismo, le consideraron modernista en el sentido religioso: algo así como hereje o, al menos, reformista. Él cultivó esta imagen. Su evolución política fue de la izquierda o el anarquismo hacia un individualismo difícil de clasificar. Su personalidad fue una oposición constante a todo lo que existía. En política combatió el nacionalismo vasco de Sabino Arana, la Dictadura de Primo de Rivera y el golpe de estado de Franco, tras un breve momento de indecisión.
Su poesía participa de características similares: interés por el contenido frente a la forma, predominio de la idea, búsqueda de lo vital y lo ideológico, mezcla del pensamiento y el sentimiento, etc. Esto se traduce en una ruptura de los moldes convencionales, en una poesía desnuda, en un lenguaje directo y en una necesidad de expresarse por encima de todas las normas lingüísticas y literarias. Sus temas: la familia, la patria, la muerte, la vida eterna y, en definitiva, la existencia humana.
Poesía contemporánea
Su primer libro, Poesías, se publica en 1907. Mucho antes, Unamuno había recbido el espaldarazo de Juan Valera. En esta primera obra plantea ya su poesía como necesidad de expresión y muestra que este es el género en que destacó con más brillo, en poemas como Credo poético.
En 1911 aparece el Rosario de sonetos líricos, que supuso para él una dedicación absoluta a la literatura. Entre sus obras más sorprendentes leemos El Cristo de Velázquez (1920). Sus confesiones -así consideró él toda su lírica- continúan en Andanzas y visiones españolas, De Fuerteventura a París y Romancero del destierro, entre 1922 y 1927.
A partir de 1928 y hasta su muerte, se dedicó al Cancionero/Diario poético, póstumo y complicado de interpretar, aunque es su obra maestra en poesía.
Leyó a los ingleses Coleridge, Wordsworth y William Blake, junto a Byron o Keats; a los italianos Leopardi, Dante -siempre-, y a su admirado Kierkegaard. Estudió a Bécquer. Unamuno se proyecta directamente sobre Antonio Machado e, indirectamente, sobre generaciones de poesía de posguerra hasta nuestros días.
5.-En la Península, los poetas elaboraron revistas literarias, entre las que destaca Helios (1903-1904). Estaba fundada por el poeta Gregorio Martínez Sierra (1881-1947) y por María Martínez Sierra, su esposa y autora de algunos trabajos firmados por el marido, Pedro González-Blanco, Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), que inició su carrrera poética con La paz del sendero en 1904), y, por el alma de la revista, Juan Ramón Jiménez.
Poesía contemporánea
Sus páginas trataban de política -con artículos de Ortega y Gasset-, de filosofía -de Nietzsche (1844-1900), filósofo de moda de esta generación, a Plotino (205-270)- de teosofía, de literatura europea o americana, pero, sobre todo, de poesía y literatura.
Entre sus colaboradores aparecen los nombres de Alejandro Sawa, Manuel y Antonio Machado, Miguel de Unamuno e, incluso, Rubén Darío. Algunos de ellos los trataremos a continuación.
El espíritu de la revista volvió en 1907, con Renacimiento, publicación que duró un año aproximado.
Poesía contemporánea
6.-El andaluz universal Juan Ramón Jiménez Mantecón (1881-1958) nació en Moguer. Fue crucial en su vida y obra el año 1900, en que recibe el reconocimiento en Madrid de Rubén Darío y de Francisco Villaespesa, pero la muerte de su padre lo sumió en un estado de crisis del que apenas se repondría a lo largo de su vida.
Sus primeras obras, Ninfeas (1900), Arias tristes (1903) o, incluso, Poemas májicos y dolientes (1911) siguen la corriente simbolista de paisajes y soledades. El simbolismo, de origen francés, buscó el conocimiento del alma humana, a través de sus equivalencias.
Poesía contemporánea
Una segunda etapa -acaso anunciada desde 1911- comienza con su Diario de un poeta reciencasado de (1916), escrito al contraer matrimonio en Estados Unidos con la americana Zenobia Camprubí. De este libro parte su poesía intelectual, su imagen del mar como símbolo y su reflexión sobre los nombres. Eternidades (1916-17) presenta la lucha por la precisión semántica, en su célebre poema ¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! y el análisis de su poesía en Vino, primero, pura. Escribe una poesía desnuda, esencialista, quizá simbolista o impresionista. Entre 1914 y 1917 redacta su prosa poética Platero y yo.
Los años 30 son los de la República y la Guerra Civil, que obliga al poeta y a Zenobia a instalarse en Estados Unidos, con frecuentes viajes a Hispanoamérica, hasta su instalación en Puerto Rico, donde terminaron sus vidas. Ya antes de este traslado, Juan Ramón había iniciado una línea poética en que lo intelectual evolucionaba hacia lo teológico. El poeta logra un universo - su poesía- del que él será Dios o creador de Dios. Desde La estación total - escrito desde 1923 a 1936- a Dios deseado y deseante (1949) asiste a su divinización, en una línea próxima a Unamuno. Ríos que se van, en los años 50, recoge la realidad de la muerte, ya ensañada en 1956 en su esposa, Zenobia, muerte que no suavizó la concesión del Premio Nobel ese mismo año. Dos más viviría Juan Ramón Jiménez.
7.-Los hermanos Manuel y Antonio Machado vivieron estrechamente unidos. Reconocemos hoy la superioridad literaria del segundo sobre el primero.
Poesía contemporánea
Antonio Machado Ruiz (1875-1939) nació en Sevilla. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, donde trabajó su padre, y vivió en Madrid, Segovia, Baeza y, especialmente, en Soria. Su defensa de la República y su militancia en el Partido Socialista leobligaron a retirarse a Valencia en la Guerra Civil. De allí marchó a Francia, donde murió en 1939. Se le ha utilizado, a veces con exceso, como un símbolo de la libertad política española.
En 1902 publica Antonio Machado sus Soledades, que en 1907 se como Soledades. Galerías. Otros poemas. Es, acaso, el mejor ejemplo de simbolismo en la poesía española. Refleja al poeta caminando por un campo o un parque, entregado a sus ensoñaciones, mezclando el paisaje con sus pensamientos, a la hora del crepúsculo. Aparecen motivos como la fuente, símbolo de vida, con la que dialoga.
Poesía contemporánea
Campos de Castilla (1912) se abre con un autorretrato, en que el poeta se considera al margen de la poesía de su época, y muestra, después, la profunda influencia que Unamuno había ejercido desde 1903 -en las páginas de Helios- para que Antonio escribiese una poesía más sentida y directa. Estos poemas reflejan sus ideas sobre Castilla, como tierra agreste y brutal. Soria es el objeto de estas observaciones. Su dureza quedó posteriormente suavizada cuando la realidad se impuso sobre las observaciones de Unamuno y por la muerte de su joven esposa soriana Leonor.
Un intento de imitar el Romancero tradicional es el relato incluido en este libro La tierra de Alvargonzález, que, previamente, había escrito en prosa.
Nuevas Canciones (1924) es un libro complejo y muy variado, que muestra el afán de este poeta por renovarse constantemente. Retoma temas anteriores, como Soria o la copla popular, pero se observa un tono casi experimental en máximas filosóficas, pensamientos, etc., apuntados en breves poemas de cuatro versos. Es la influencia de Henry Bergson y, en otra medida, del portugués Fernando Pessoa, en el Cancionero apócrifo, sobre varios poetas que pudieron haber existido.

POESIA SOCIAL

La poesía social como forma de poesía. Si bien es cierto que todo arte es social en cuanto que responde a la sensibilidad de un hombre (el artista) estrechamente vinculado, de una manera consciente o inconsciente, a una circunstancia social e histórica concreta, es necesario precisar al máximo al hablar de p. s., pues la afirmación anterior deja la cuestión en un nebuloso estado de vaguedad, abarcando por igual a maneras diametralmente opuestas de concebir el hecho poético.
Una primera definición sería la que Arnold Hauser emplea al hablar de la poesía hesiódica: «una poesía más del pueblo, y que se mueve en el mundo de los campesinos. (...) No es que sea precisamente poesía popular, esto es, poesía que el pueblo se transmite de boca en boca, ni tampoco una poesía que pudiese, en las tertulias reunidas alrededor del fuego, hacer la competencia a las anécdotas picantes. Sin embargo, sus temas, sus cánones e ideales son los de los campesinos, los del pueblo oprimido por la nobleza terrateniente». Es decir, sería p. s. la que reflejara como en un espejo los sentimientos de una clase determinada, que de este modo se expresaría a través de la voz de los poetas, o como más tarde dirá Gabriel Celaya: «Lo importante no es hablar del pueblo, sino hablar con el pueblo».
Esta definición no es tampoco, sin embargo, del todo exacta, porque los sentimientos expresados pueden ser tanto religiosos, como cívicos o políticos, y evidentemente hallaríamos tres tipos de poesía diferentes. Leopoldo de Luis (n. 1918), en el prólogo de su Antología de la poesía social, aclara: «La poesía social -en mi opinión-, no es lo mismo que la poesía civil. Esta última parte de un principio exaltador de valores, no siempre coincidentes, con la realidad viva del momento histórico. Tienen de común su historicidad, su realismo y su participación épica o narrativa. Pero en tanto que la segunda va a cantar, con tono más heroico que emocionado, la primera va a fundirse con la situación real de las gentes de su tiempo». O más adelante: «La poesía social se vale, con algunos poetas, de la sátira, como hicieron los poetas latinos o como hizo nuestro Quevedo. Pero por ese costado suele escorarse más el poeta hacia la poesía política, cuyo objeto es siempre explícito y claro, llegando al panfleto (...). Por los mismos caminos que con la poesía política, la poesía social puede confundirse con la poesía religiosa, en algunas de sus modalidades. Pero tanto la poesía política como la poesía religiosa, tienen o creen tener a mano solución para los problemas expuestos en su temática, en tanto que la poesía social no prejuzga soluciones, sino que denuncia estados que han de corregirse». Y acaba: «quiere decirse que la poesía social es protestataria, se alza contra una situación que considera injusta y es revolucionaria porque va motivada por un deseo de que se transformen determinadas estructuras sociales».
La poesía social como movimiento poético español. En principio, tal aserto lleva directamente a un aspecto importante de la cuestión: el que, al contrario de lo ocurrido con la poesía pura (v.), aquí se trata más de la poesía escrita por un grupo específico de poetas en una época concreta española -años de la posguerra- que de una forma de acercarse a la poesía. Alarcos Llorach, en su estudio sobre la poesía de Blas de Otero (n. 1916), explica la triple vertiente por la que se desarrolló la poesía española de aquellos años: a) la esteticista, nacida bajo el signo de Garcilaso, cuyo centenario había sido celebrado únos años antes, en 1936, «como reacción ante una realidad hosca» que se quería ignorar, o bien en otros casos como medio de «acallar los gritos interiores», dado el temor justificado de muchos poetas a ser demasiado sinceros, pues nada mejor que hacerlo distrayéndose con «minucias primorosas y abalorios formalistas»; b) la religiosa, que trae un Dios, «creído o creado» por el poeta con el que dialogar buscando refugio o fortaleza; y c) la «poesía desarraigada», en frase de D. Alonso, que lleva a cabo lo que de una manera profética había vaticinado A. Machado años antes, la conducción de la poesía hacia metas de temporalidad . e historicidad concretas y localizables.
Si el libro de D. Alonso (v.), Hijos de la ira, publicado en 1944, es el aldabonazo que marca el comienzo de la nueva época, no puede olvidarse que la tendencia estaba en el ambiente y, de hecho, ya había dado varias obras importantes dentro de la misma generación del 27 (v.), como Las Nubes de Luis Cernuda, publicado en 1943, y Entre el clavel y la espada de Rafael Alberti (v.), en 1941 (y no citamos los poemas últimos de Miguel Hernández (v.), por su aparición posterior a la del libro de D. Alonso). Sin embargo, la lejanía geográfica y la calidad de exiliados políticos dificultaba en aquellos momentos la entrada de sus libros, así como los del resto de poetas que abandonaron España en las postrimerías de la contienda, por lo que en justicia corresponde a D. Alonso el puesto de iniciador del movimiento dentro de la Península. Hijos de la ira, en frase de Alarcos Llorach, «rompe violentamente con el formalismo, irrumpe virulento en el marasmo poético y sacude las conciencias, transformando esa poesía de plegarias e imprecaciones generales a la divinidad en confesión profunda, tremenda en algún caso, aunque no trernendista». Desde su primer verso «Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres, según las últimas estadísticas», fluye áspero, hiriendo una sensibilidad demasiado acostumbrada por entonces a la suavidad expresiva, falsa y acaramelada. Con todo, la influencia mayor, menos sonora pero más efectiva, la ejerció otro poeta, también del 27, Vicente Aleixandre (v.), que en ese mismo año publica Sombra del Paraíso, evocación nostálgica del mundo en estado de pureza primigenia perdido por el hombre. Aunque expresivamente aún está dentro de la línea de su libro anterior La destrucción o el Amor, ya ha dado un enorme paso adelante hacia la consecución de un lenguaje diferente, tal y como aparecerá en su obra posterior Historia del corazón. Temáticamente, en poemas como Padre mío, Ciudad del Paraíso, o Hijos de los campos queda marcada la evolución hacia la humanización de un poeta cuyo canto se había dirigido con anterioridad hacia lo cósmico del mundo.
En realidad, salvo Gerardo Diego (v.), el terrible impacto de la Guerra española, despertando su conciencia social, condujo a toda la generación superviviente del 27 hacia una poesía más cercana a la realidad histórica del momento. Ya Cernuda en su Historial de un libro, dice refiriéndose a aquellos años: «Ninguna otra vez en mi vida he sentido como entonces el deseo de ser útil y de servir». Naturalmente, el compromiso a que se adscriben los poetas del 27, en su segunda época, y los de las recientes generaciones es un tanto ambiguo. Y desde la postura serena, pero negativa, de Cernuda (baste recordar sus versos: «¿España? -dijo-. Un nombre/. España ha muerto») o el mismo Alberti (v.), hasta la exaltada de León Felipe (v.) o la sarcástica de Jorge Guillén (v.) (Potencia de Pérez), no desprovista de amargura, pasando por el humanitarismo más literario que real del último Neruda (v.), son demasiadas las divergencias de cada poeta, si bien todos ellos mantienen una común preocupación por el hombre, real e históricamente considerado. De ahí que buscando un mayor acercamiento a los demás el poeta emplee un lenguaje volcado hacia lo coloquial y directo, en contraposición con el lenguaje de alquimia y laboratorio de las generaciones anteriores. Es significativo que un libro de uno de estos poetas de la posguerra, Blas de Otero, lleve por título el lema A la inmensa mayoría, réplica a aquel «a la inmensa minoría», a la que Juan Ramón Jiménez (v.) se jactaba de dirigir su obra.
Sin embargo, hay una diferencia entre los poetas del 27 y esta nueva generación. Mientras aquéllos aprovechan su enorme experiencia formal anterior, de manera que suspoemas, no por estar al servicio de un contenido social, dejan de ser «estéticamente» poemas, algunos de los poetas de la nueva hornada, los de acento más premeditadamente social, no siempre lo logran, y, a fuerza de buscar un lenguaje cotidiano y directo, acaban en muchos casos por caer en vulgar prosaísmo y en composiciones formalmente defectuosas, con lo cual muy improbablemente el supuesto «mensaje» del poeta gane en eficacia, porque como ya dijo alguien poco sospechoso de enemistad con la función social de la poesía, Mao Tse-tung, lo primero que debe exigírsele a un poeta revolucionario o social es que sea buen poeta, ya que de lo contrario la asociación de ambos términos sería un contrasentido.
El desprecio con que algunos de estos poetas se refieren a esta parte, esencial en el acto de creación («Técnica: ¡Qué aburrimiento! », dice Gloria Fuertes, n. 1918), no deja de ser, como en el caso de Unamuno (v.), una postura poco convincente, sobre todo si se piensa que perfección estética y verdad humana o social no tienen por qué ser términos que se excluyan. Por eso, cuando Gabriel Celaya (pseudónimo de Rafael Múgica, n. 1911) dice: Maldigo la poesía concebida como un lujo/cultural, por los neutrales/que, lavándose las manos se desentienden y evaden, cabría preguntarse, en general, si no se estará alterando el orden lógico del problema. Si la cultura es un lujo de los neutrales es debido a la mayor o menor incultura del pueblo, al que por causas de dominio de clase no se ha educado para gustarla o entenderla. Es esto último lo que hay que solucionar, y la mejor manera de hacerlo, no es eliminando las ventajas que la cultura ofrece al artista. El que arte y clase dominante puedan ir paralelos no equivale a poder afirmar su interdependencia. Naturalmente, este aspecto negativo no alcanza a la generación en su totalidad, sino sólo a una parte.
En general, los poetas considerados como estrictamente sociales no puede decirse que hayan aportado nada especial. Pero ése es defecto que, como muy bien dice José Hierro (n. 1922), debe achacarse a determinados poetas más que a la p. s. en general, «hoy le ha llegado a la poesía social la hora de sentarse en el banquillo. Se la juzga por errores de los falsos poetas. Comienza a olvidarse no sólo la razón histórica de su existencia sino, lo que es peor, sus logros poéticos, que es lo que realmente importa. A quien se condena no es a un tema, sino a una escuela».
Evidentemente, de los poetas de la década del 40, puede decirse que tienen validez, hoy, más que los que cantaron el hombre-masa, los que buscaron su inspiración en el hombre-individuo, y lo cantaron desde dentro, no como pretendían algunos, despersonalizándose en los demás. El mismo Aleixandre, por mucho que persiga en su poema En la plaza fundirse entre el resto de los hombres, nunca deja aparte la idea de que a pesar de todo sigue siendo «él» y sólo «desde él mismo» puede dirigirse a los demás. Postura, a la postre, más válida que la representada de una manera pomposa y falsa, a fuerza de literaria, por los poetas dogmáticos del movimiento social. Y es que como dijo José Ángel Valente (n. 1929) «parece ser que el tal género ha venido a dar de bruces y masivamente en un realismo de superficie o en un fenómeno neto de lo que otra ocasión se ha llamado formalismo temático». Los poetas acabaron por guiarse más por la moda de lo social que por una verdadera necesidad fatal de expresarse así. Por otra parte, según Leopoldo de Luis, la mayoría de los poetas no parten de postulados «revolucionarios», sino «rebeldes», y en algún caso hasta de rebeldía gratuita. Lo cual quita validez en la práctica a mucha de la poesía supuestamente social. Más válida como definición de p. s. sería la que da el mismo José Hierro: «Sociales fueron a su modo los cantares de gesta, el Arcipreste y López de Ayala, la poesía social y censoria del Barroco, las sátiras del xviii, la Oda de Roosevelt, etc. Sociales pueden ser -pero exclusivamente sociales no- los poetas de hoy y de mañana. Porque la solidaridad con el nombre plural, sometido a unas determinadas condiciones históricas es algo más que una moda». Pues el hombre vive entre los demás, de ellos procede y a ellos fatalmente ha de volver «a través de la poesía, que es lo más noble que el ser humano puede ofrecer a los demás».